miércoles, 14 de mayo de 2014
FORMACIÓN DEL SUELO
a) Fracción mineral.
Fragmentos minerales del suelo
arena gruesa1 a 2 mm arena 0.2 a 2 mm arena fina
0.02 a 0.2 mm limo 0.002 a 0.02 mm arcilla < 0.002 mm.
Respecto a su naturaleza química, en principio parecería que no debe haber relación entre tamaño y composición química, pero en un suelo medianamente maduro, se ve que, como resultado de los procesos de formación que originan el suelo, la fracción de las arcillas está formada, principalmente, por silicatos con aluminio y hierro (caolinita, montmorillonita, etc.) y las arenas son, sobre todo, granos de cuarzo con algunas micas. El pequeño tamaño de los granos de arcilla hace que esta fracción del suelo tenga una gran superficie por unidad de masa (1 g de arcilla suma de 25 a 900 m2 de superficie). Esto tiene importantes consecuencias porque facilita fenómenos que necesitan una gran superficie para producirse, como absorciones, algunas reacciones químicas, retención de agua, etc. Otra propiedad característica de la arcilla es que fluye cuando se encuentra sometida a presión por lo que las laderas arcillosas tienen deslizamientos con facilidad.
Propiedades del suelo según su composición
Horizontes del suelo.
Perfiles del suelo" El proceso de formación del suelo termina por estructurar a los materiales en unos estratos o capas característicos a los que se denomina horizontes. El conjunto de estos horizontes da a cada tipo de suelo un perfil característico.
Tradicionalmente estos horizontes se nombran con las letras A, B y C, con distintas subdivisiones: A0, A1, etc.
Sus características son:
el horizonte A0 es el más superficial y en él se acumulan hojas, restos de plantas muertas, de animales, etc.
el horizonte A acumula el humus por lo que su color es muy oscuro. El agua de lluvia lo atraviesa, disolviendo y arrastrando hacia abajo iones y otras moléculas. A esta acción se le llama lavado del suelo y es mayor cuando la pluviosidad es alta y la capacidad de retención de iones del suelo es baja (suelos poco arcillosos). En los climas áridos el lavado puede ser ascendente, cuando la evaporación retira agua de la parte alta del suelo, lo que provoca la llegada de sales a la superficie (salinización del suelo).
el horizonte B acumula los materiales que proceden del A.
el horizonte C está formado por la roca madre más o menos disgregada.
Tipos de suelos.
En los suelos más simples, como pueden ser los de la alta montaña, las zonas árticas o los desiertos, sólo hay horizonte C.
Otros suelos tienen horizontes A y C pero no B; y, por último, están los que poseen los tres horizontes bien caracterizados.
Algunos de los principales tipos de suelos son:
Suelo desértico.- Con un horizonte A muy estrecho, con muy poco humus, apoyado directamente sobre depósitos minerales y rocas fragmentadas.
Renzina. Se forma sobre calizas. Su horizonte A es negruzco o, en algunos casos, rojizo; y carece de horizonte B. Es el suelo que se encuentra en muchos montañas calizas de la Península.
Chernosiem. Horizonte A de gran espesor y de color negruzco. Se forma sobre depósitos sueltos (principalmente de loess) en zonas con fuertes heladas invernales. Carece de horizonte B. Es muy fértil y muy apto para el cultivo de cereales. Ejemplos de este suelo son las llamadas tierras negras de Ucrania, las grandes estepas de Rusia, Estados Unidos, Argentina o el Asia Central.
Ranker. Horizonte A con suelo muy trabado, que hace que se arranque por piezas cuando se tira de él. Sin horizonte B. Se desarrolla sobre una roca madre poco alterada. Es suelo típico de la alta montaña, sobre todo si se forma sobre granito u otras rocas ácidas.
Podsol. Con los tres horizontes A, B y C bien diferenciados. Se forma en zonas lluviosas y es un suelo muy lavado. Su horizonte B, de acumulación, está muy bien marcado. A veces las acumulaciones forman costras duras y rojizas. Es un suelo muy frecuente en bosques de pinos.
Tierra parda. Con los tres horizontes, pero menos lavados que los podsoles. El horizonte B, de acumulación, está bien marcado. Es un suelo propio de zonas menos lluviosas y de latitudes más bajas que el podsol. Sería, por ejemplo, el característico de los bosques de hayas y robles.
Lateritas. Se puede considerar como el suelo tropical típico, aunque no es propiamente el que tiene el bosque selvático, sino el que queda al talar la selva. Con la abundancia de lluvia en estas zonas el suelo es lavado muy intensamente y, al final, sólo queda una mezcla de óxidos e hidróxidos de aluminio, hierro, manganeso y otros metales. Contiene muy pocos elementos nutritivos porque su capa A es muy pequeña y es, por tanto, un suelo muy pobre para los cultivos.
Permafrost. Es el suelo típico de las zonas cercanas a los polos. Está impregnado de agua y congelado. En el deshielo, que es superficial, se forman grandes charcos. Por sus características impide que muchos animales (p. ej. lombrices) vivan en él.
El suelo se forma en un
largo proceso en el que interviene el clima, los seres vivos y la roca más
superficial de la litosfera. Este proceso es un sucesión ecológica en la que va
madurando el ecosistema suelo. La roca es meteorizada por los agentes
metereológicos (frío/calor, lluvia, oxidaciones, hidrataciones, etc.) y así la
roca se va fragmentando. Los fragmentos de roca se entremezclan con restos
orgánicos: heces, organismos muertos o en descomposición, fragmentos de
vegetales, pequeños organismos que viven en el suelo, etc. Con el paso del
tiempo todos estos materiales se van estratificando y terminan por formar lo
que llamamos suelo.
Siempre se forman suelos muy parecidos en todo lugar en el que las características de la roca y el clima sean similares. El clima influye más en el resultado final que el tipo de roca y, conforme va avanzando el proceso de formación y el suelo se hace más evolucionado, menos influencia tiene el material original que formaba la roca y más el clima en el que el suelo se forma.
Composición.
En el suelo encontramos materiales procedentes de la roca madre fuertemente alterados, seres vivos y materiales descompuestos procedentes de ellos, además de aire y agua. Las múltiples transformaciones físicas y químicas que el suelo sufre en su proceso de formación llevan a unos mismos productos finales característicos en todo tipo de suelos: arcillas, hidróxidos, ácidos húmicos, etc.; sin que tenga gran influencia el material originario del que el suelo se ha formado.
Siempre se forman suelos muy parecidos en todo lugar en el que las características de la roca y el clima sean similares. El clima influye más en el resultado final que el tipo de roca y, conforme va avanzando el proceso de formación y el suelo se hace más evolucionado, menos influencia tiene el material original que formaba la roca y más el clima en el que el suelo se forma.
Composición.
En el suelo encontramos materiales procedentes de la roca madre fuertemente alterados, seres vivos y materiales descompuestos procedentes de ellos, además de aire y agua. Las múltiples transformaciones físicas y químicas que el suelo sufre en su proceso de formación llevan a unos mismos productos finales característicos en todo tipo de suelos: arcillas, hidróxidos, ácidos húmicos, etc.; sin que tenga gran influencia el material originario del que el suelo se ha formado.
a) Fracción mineral.
Fragmentos minerales del suelo
arena gruesa1 a 2 mm arena 0.2 a 2 mm arena fina
0.02 a 0.2 mm limo 0.002 a 0.02 mm arcilla < 0.002 mm.
Respecto a su naturaleza química, en principio parecería que no debe haber relación entre tamaño y composición química, pero en un suelo medianamente maduro, se ve que, como resultado de los procesos de formación que originan el suelo, la fracción de las arcillas está formada, principalmente, por silicatos con aluminio y hierro (caolinita, montmorillonita, etc.) y las arenas son, sobre todo, granos de cuarzo con algunas micas. El pequeño tamaño de los granos de arcilla hace que esta fracción del suelo tenga una gran superficie por unidad de masa (1 g de arcilla suma de 25 a 900 m2 de superficie). Esto tiene importantes consecuencias porque facilita fenómenos que necesitan una gran superficie para producirse, como absorciones, algunas reacciones químicas, retención de agua, etc. Otra propiedad característica de la arcilla es que fluye cuando se encuentra sometida a presión por lo que las laderas arcillosas tienen deslizamientos con facilidad.
Propiedades del suelo según su composición
b)
Fracción orgánica.
En todo suelo hay materia orgánica, llamada humus . En un suelo del desierto puede estar en una proporción del 1%, mientras que en la turba la proporción llega al 100%. Una cifra media común a bastantes suelos sería la de un 5% (2% de carbono). Está formada por restos de organismos muertos, excreciones, etc.; tan profundamente transformados que ya no puede advertirse, normalmente, su estructura original.
Su composición química es muy variada, pero como conforme pasa el tiempo los productos orgánicos que son más fácilmente degradables van desapareciendo, al final van quedando en mucha más proporción las moléculas orgánicas con enlaces resistentes a la degradación biológica (moléculas aromáticas con abundancia de ciclos y anillos, fenoles, funciones ácidas, etc.,).
El humus se encuentra, en su mayor parte, adherido a la arcilla.
ESTRUCTURA:
En todo suelo hay materia orgánica, llamada humus . En un suelo del desierto puede estar en una proporción del 1%, mientras que en la turba la proporción llega al 100%. Una cifra media común a bastantes suelos sería la de un 5% (2% de carbono). Está formada por restos de organismos muertos, excreciones, etc.; tan profundamente transformados que ya no puede advertirse, normalmente, su estructura original.
Su composición química es muy variada, pero como conforme pasa el tiempo los productos orgánicos que son más fácilmente degradables van desapareciendo, al final van quedando en mucha más proporción las moléculas orgánicas con enlaces resistentes a la degradación biológica (moléculas aromáticas con abundancia de ciclos y anillos, fenoles, funciones ácidas, etc.,).
El humus se encuentra, en su mayor parte, adherido a la arcilla.
ESTRUCTURA:
Horizontes del suelo.
Perfiles del suelo" El proceso de formación del suelo termina por estructurar a los materiales en unos estratos o capas característicos a los que se denomina horizontes. El conjunto de estos horizontes da a cada tipo de suelo un perfil característico.
Tradicionalmente estos horizontes se nombran con las letras A, B y C, con distintas subdivisiones: A0, A1, etc.
Sus características son:
el horizonte A0 es el más superficial y en él se acumulan hojas, restos de plantas muertas, de animales, etc.
el horizonte A acumula el humus por lo que su color es muy oscuro. El agua de lluvia lo atraviesa, disolviendo y arrastrando hacia abajo iones y otras moléculas. A esta acción se le llama lavado del suelo y es mayor cuando la pluviosidad es alta y la capacidad de retención de iones del suelo es baja (suelos poco arcillosos). En los climas áridos el lavado puede ser ascendente, cuando la evaporación retira agua de la parte alta del suelo, lo que provoca la llegada de sales a la superficie (salinización del suelo).
el horizonte B acumula los materiales que proceden del A.
el horizonte C está formado por la roca madre más o menos disgregada.
Tipos de suelos.
En los suelos más simples, como pueden ser los de la alta montaña, las zonas árticas o los desiertos, sólo hay horizonte C.
Otros suelos tienen horizontes A y C pero no B; y, por último, están los que poseen los tres horizontes bien caracterizados.
Algunos de los principales tipos de suelos son:
Suelo desértico.- Con un horizonte A muy estrecho, con muy poco humus, apoyado directamente sobre depósitos minerales y rocas fragmentadas.
Renzina. Se forma sobre calizas. Su horizonte A es negruzco o, en algunos casos, rojizo; y carece de horizonte B. Es el suelo que se encuentra en muchos montañas calizas de la Península.
Chernosiem. Horizonte A de gran espesor y de color negruzco. Se forma sobre depósitos sueltos (principalmente de loess) en zonas con fuertes heladas invernales. Carece de horizonte B. Es muy fértil y muy apto para el cultivo de cereales. Ejemplos de este suelo son las llamadas tierras negras de Ucrania, las grandes estepas de Rusia, Estados Unidos, Argentina o el Asia Central.
Ranker. Horizonte A con suelo muy trabado, que hace que se arranque por piezas cuando se tira de él. Sin horizonte B. Se desarrolla sobre una roca madre poco alterada. Es suelo típico de la alta montaña, sobre todo si se forma sobre granito u otras rocas ácidas.
Podsol. Con los tres horizontes A, B y C bien diferenciados. Se forma en zonas lluviosas y es un suelo muy lavado. Su horizonte B, de acumulación, está muy bien marcado. A veces las acumulaciones forman costras duras y rojizas. Es un suelo muy frecuente en bosques de pinos.
Tierra parda. Con los tres horizontes, pero menos lavados que los podsoles. El horizonte B, de acumulación, está bien marcado. Es un suelo propio de zonas menos lluviosas y de latitudes más bajas que el podsol. Sería, por ejemplo, el característico de los bosques de hayas y robles.
Lateritas. Se puede considerar como el suelo tropical típico, aunque no es propiamente el que tiene el bosque selvático, sino el que queda al talar la selva. Con la abundancia de lluvia en estas zonas el suelo es lavado muy intensamente y, al final, sólo queda una mezcla de óxidos e hidróxidos de aluminio, hierro, manganeso y otros metales. Contiene muy pocos elementos nutritivos porque su capa A es muy pequeña y es, por tanto, un suelo muy pobre para los cultivos.
Permafrost. Es el suelo típico de las zonas cercanas a los polos. Está impregnado de agua y congelado. En el deshielo, que es superficial, se forman grandes charcos. Por sus características impide que muchos animales (p. ej. lombrices) vivan en él.
GESTIÓN Y CONSERVACIÓN DEL SUELO.
Antes que nada conviene revisar los conceptos que definen esta materia. El concepto de suelo, a estas alturas debemos tenerlo bien claro, por ello solo vamos a detenernos en los de Gestión y Conservación.
GESTIÓN:
Acción de llevar a cabo las acciones necesarias para lograr un determinado objetivo.
En el caso del suelo, una buena gestión, sería la de procurar utilizarlo para aquello que está más capacitado, dentro de las múltiples necesidades que tenemos de él.
Para poder llevarla a cabo es necesario realizar previamente un exhaustivo estudio de la capacidad de uso.
De esta manera, los suelos encuadrados en la máxima categoría, deberían ser destinados, en lo posible para fines agrícolas, instalando sobre ellos soloaquellas infraestructuras que fuesen absolutamente imprescindibles.
Si hemos de ubicar en ellos poblaciones, siempre se ha de buscar, si es posible, un área cercana donde la calidad sea inferior y en el caso del crecimiento urbano, siempre debe procurarse que la expansión se realice hacia las áreas de menor capacidad de utilización.
También es necesario utilizar una parte del suelo para pastos en las zonas ganaderas o para uso forestal. Es conveniente destinar para estos usos las áreas con suelos no aptos para el cultivo pero adecuados a las utilizaciones citadas.
En ocasiones, cuando las necesidades de cultivo no sean muy grandes, puede ser conveniente destinar a pradera o bosque los suelos de cultivo con capacidad baja. La necesidad de zonas permanentemente verdes es esencial para restablecer el equilibrio atmosférico y el hídrico en el caso del arbolado. Este último aspecto es esencial en las zonas de clima xérico como el mediterráneo.
Es indispensable también incrementar las zonas libres de cultivo, incluso sobre suelos que pudieran ser aptos, aunque no de Clase I, cuando exista una excesiva concentración de industrias o en las grandes urbes, ya que los desprendimientos de gases extraños puede llegar a ser muy elevada y, en cualquier caso, la liberación de dióxido de carbono será muy alta.
Siempre habrá que dedicar una superficie adecuada a espacios naturales en los que no exista aprovechamiento de ningún tipo, como reserva natural y para expansión. Estos se ubicarán preferentemente en zonas cuya capacidad de utilización sea baja o nula pero, si es necesario, se debe sacrificar alguna zona utilizable pero de baja capacidad.
Es necesario encontrar un equilibrio entre las necesidades materiales y otras que si no otorgan bienes de consumo sí acrecientan la calidad de vida, es un poco aquello que no solo de pan vive el hombre. Para ello es necesaria una adecuada política de ordenación del territorio que impida la depredación del capital sobre los bienes sociales. Una Comunidad no solo va bien cuando su riqueza es elevada sino cuando la calidad de vida de sus habitantes es la máxima posible con los recursos con los que cuenta. Ya los países de capitalismo más fuerte, como los Estados Unidos de América se van preguntando algo muy significativo, ¿cómo el país más rico del mundo no es el que tiene a los ciudadanos más felices?
CONSERVACIÓN:
Es la acción de preservar algo, mantener su calidad y evitar su destrucción.
La conservación del suelo implica mantener su fertilidad, evitar su degradación, incluyendo en ella a la contaminación, y procurar atenuar, en lo posible y nunca acelerar, su pérdida por erosión.
La utilización de cualquier tipo de recurso implica siempre una cierta agresión al mismo. No obstante, los recursos naturales tiene una cierta capacidad de regeneración, por ello su utilización no debe implicar necesariamente una destrucción, degradación o desaparición de los mismos.
Posiblemente la práctica más antigua en el manejo del suelo sea el riego. Los terrenos irrigados desde antiguo presentan un enterramiento por finas capas de material transportado por el agua que, en ocasiones, pueden superar los 50 cm de espesor, de modo que sobre ellos se asienta el cultivo, se produce una modificación del suelo que lo convierte en un Antrosol; si bien, en muchos casos, no tiene más transcendencia que la de atenuar el contenido orgánico en esa nueva capa creada, pero este efecto es consustancial al cultivo, pues no hay mas que observar el color de los terrenos cultivados para comprobar que dista mucho de ese tono oscuro que comunica la acumulación de material orgánico en los suelos vírgenes.
El agua también lleva sustancias disueltas que, tras su evaporación, deposita en el suelo incrementando su nivel de sales, pudiendo llegar a constituir un problema para algunos cultivos, lo que constituye una degradación del suelo; esto puede resolverse con la utilización de mayor cantidad de agua que permita el lavado y arrastre de esas sales.
En cualquier caso estamos modificando el clima del suelo, haciéndolo más húmedo y con mayor exceso de agua, por lo que su evolución se modifica, pudiendo llegar a iniciarse un proceso de ilimerización condicionado por ese nuevo estado. Ello modifica la morfología, el tipo y el comportamiento del suelo, mas el sentido de esta modificación no tiene por que ser perjudicial.
Al eliminar un factor limitante para el crecimiento vegetal, éste se incrementa al tiempo que la demanda de nutrientes, que se constituyen entonces en el nuevo factor limitante. Si el problema se resuelve a expensas de los nutrientes de reserva del suelo se va provocando un degradación del mismo hasta llegar a perder su fertilidad inicial. La solución está en la adición de abonos que compensen las perdidas, pero estos no son sustancias puras y aportan al suelo elementos extraños que pueden ser nocivos para él, para la vegetación o para ambos.
Al compensar los déficits nutritivo e hídrico, el crecimiento es más rápido, el porte mayor y también la debilidad de las membranas celulares, por un menor aporte de calcio consecuente con el desequilibrio provocado en la relación existente entre los diferentes cationes. También en aquellas plantas, como los cereales, que presentan recubrimientos silíceos en su tallo que les sirven de protección y fortalecimiento de los mismos, se produce una menor acumulación.
Todo ello favorece la invasión por parte de los microorganismos y la mayor agresión de los parásitos. Para evitar la disminución de la producción provocada por estos efectos se hace necesaria la aplicación de insecticidas y fungicidas. Pero ese mejor ambiente creado para el crecimiento de la planta cultivada, es aprovechado también por la vegetación adventicia a la que se elimina con herbicidas.
El suelo se defiende de todas esas sustancias extrañas fijándolas o destruyéndolas con la ayuda de su microflora, pero la acción de ésta es limitada y si se sobrepasan las dosis aplicadas se provoca una acumulación, que en parte es lavada, con la consecuente contaminación de las aguas freáticas.
Cuando todo se realiza de forma conveniente, utilizando las dosis adecuadas y respetando los plazos de permanencia de los productos añadidos antes de consumir los frutos cosechados, los daños ocasionados a las personas y al ambiente en general pueden llegar a ser insignificantes e inferiores a los beneficios obtenidos. Mas si no obramos de forma correcta los daños producidos son incalculables, siendo estas malas prácticas contra las que hay que luchar si no queremos que se produzca una degradación ambiental irreparable.
Otro factor contaminante es la acumulación de sustancias de desecho, incluso cuando su naturaleza las haga susceptibles de biodegradación. En el mejor de los casos, hemos de buscarles una ubicación adecuada en suelos de muy baja permeabilidad que impidan el paso de los componentes líquidos o en solución a las aguas freáticas.
La erosión del suelo es un fenómeno consustancial al mismo e incluso necesario para ir provocando un rejuvenecimiento que impida el agotamiento de los minerales primarios que son la base del aporte de nutrientes minerales. Algo similar a lo que ocurre con la vegetación. Pero la naturaleza es consciente de ello y proporciona los medios para que tal suceda, provocando incendios por medio de las descargas eléctricas de las tormentas o la erupción de los volcanes, que también afectan al suelo al desprotegerlo de la cubierta vegetal y facilitar su arrastre por parte de la lluvia o el viento, e incluso modificando localmente la distribución de ambos con cambios en su intensidad. Los crecimientos y las destrucciones se encuentran en equilibrio a escala global.
El riesgo verdadero está en los procesos inducidos, como la eliminación del suelo para obtener materiales que se hallan bajo él, como graveras, canteras, minas, etc.. o la provocación de incendios forestales con fines muy variados y otros muchos de todos conocidos.
Todo esto lleva a una perdida de material que a veces es muy evidente como las grandes cárcavas y otras poco conspicua, como la erosión laminar de los terrenos llanos, que cargan los cursos de agua con grandes masas de coloides minerales y orgánicos del suelo, que para más abundar son los más activos en el mismo.
Por todo ello se hace necesario actuar en la conservación del suelo, tanto cualitativa como cuantitativamente y a ello dedicaremos nuestra atención a partir de ahora.
Antes que nada conviene revisar los conceptos que definen esta materia. El concepto de suelo, a estas alturas debemos tenerlo bien claro, por ello solo vamos a detenernos en los de Gestión y Conservación.
GESTIÓN:
Acción de llevar a cabo las acciones necesarias para lograr un determinado objetivo.
En el caso del suelo, una buena gestión, sería la de procurar utilizarlo para aquello que está más capacitado, dentro de las múltiples necesidades que tenemos de él.
Para poder llevarla a cabo es necesario realizar previamente un exhaustivo estudio de la capacidad de uso.
De esta manera, los suelos encuadrados en la máxima categoría, deberían ser destinados, en lo posible para fines agrícolas, instalando sobre ellos soloaquellas infraestructuras que fuesen absolutamente imprescindibles.
Si hemos de ubicar en ellos poblaciones, siempre se ha de buscar, si es posible, un área cercana donde la calidad sea inferior y en el caso del crecimiento urbano, siempre debe procurarse que la expansión se realice hacia las áreas de menor capacidad de utilización.
También es necesario utilizar una parte del suelo para pastos en las zonas ganaderas o para uso forestal. Es conveniente destinar para estos usos las áreas con suelos no aptos para el cultivo pero adecuados a las utilizaciones citadas.
En ocasiones, cuando las necesidades de cultivo no sean muy grandes, puede ser conveniente destinar a pradera o bosque los suelos de cultivo con capacidad baja. La necesidad de zonas permanentemente verdes es esencial para restablecer el equilibrio atmosférico y el hídrico en el caso del arbolado. Este último aspecto es esencial en las zonas de clima xérico como el mediterráneo.
Es indispensable también incrementar las zonas libres de cultivo, incluso sobre suelos que pudieran ser aptos, aunque no de Clase I, cuando exista una excesiva concentración de industrias o en las grandes urbes, ya que los desprendimientos de gases extraños puede llegar a ser muy elevada y, en cualquier caso, la liberación de dióxido de carbono será muy alta.
Siempre habrá que dedicar una superficie adecuada a espacios naturales en los que no exista aprovechamiento de ningún tipo, como reserva natural y para expansión. Estos se ubicarán preferentemente en zonas cuya capacidad de utilización sea baja o nula pero, si es necesario, se debe sacrificar alguna zona utilizable pero de baja capacidad.
Es necesario encontrar un equilibrio entre las necesidades materiales y otras que si no otorgan bienes de consumo sí acrecientan la calidad de vida, es un poco aquello que no solo de pan vive el hombre. Para ello es necesaria una adecuada política de ordenación del territorio que impida la depredación del capital sobre los bienes sociales. Una Comunidad no solo va bien cuando su riqueza es elevada sino cuando la calidad de vida de sus habitantes es la máxima posible con los recursos con los que cuenta. Ya los países de capitalismo más fuerte, como los Estados Unidos de América se van preguntando algo muy significativo, ¿cómo el país más rico del mundo no es el que tiene a los ciudadanos más felices?
Es la acción de preservar algo, mantener su calidad y evitar su destrucción.
La conservación del suelo implica mantener su fertilidad, evitar su degradación, incluyendo en ella a la contaminación, y procurar atenuar, en lo posible y nunca acelerar, su pérdida por erosión.
La utilización de cualquier tipo de recurso implica siempre una cierta agresión al mismo. No obstante, los recursos naturales tiene una cierta capacidad de regeneración, por ello su utilización no debe implicar necesariamente una destrucción, degradación o desaparición de los mismos.
Posiblemente la práctica más antigua en el manejo del suelo sea el riego. Los terrenos irrigados desde antiguo presentan un enterramiento por finas capas de material transportado por el agua que, en ocasiones, pueden superar los 50 cm de espesor, de modo que sobre ellos se asienta el cultivo, se produce una modificación del suelo que lo convierte en un Antrosol; si bien, en muchos casos, no tiene más transcendencia que la de atenuar el contenido orgánico en esa nueva capa creada, pero este efecto es consustancial al cultivo, pues no hay mas que observar el color de los terrenos cultivados para comprobar que dista mucho de ese tono oscuro que comunica la acumulación de material orgánico en los suelos vírgenes.
El agua también lleva sustancias disueltas que, tras su evaporación, deposita en el suelo incrementando su nivel de sales, pudiendo llegar a constituir un problema para algunos cultivos, lo que constituye una degradación del suelo; esto puede resolverse con la utilización de mayor cantidad de agua que permita el lavado y arrastre de esas sales.
En cualquier caso estamos modificando el clima del suelo, haciéndolo más húmedo y con mayor exceso de agua, por lo que su evolución se modifica, pudiendo llegar a iniciarse un proceso de ilimerización condicionado por ese nuevo estado. Ello modifica la morfología, el tipo y el comportamiento del suelo, mas el sentido de esta modificación no tiene por que ser perjudicial.
Al eliminar un factor limitante para el crecimiento vegetal, éste se incrementa al tiempo que la demanda de nutrientes, que se constituyen entonces en el nuevo factor limitante. Si el problema se resuelve a expensas de los nutrientes de reserva del suelo se va provocando un degradación del mismo hasta llegar a perder su fertilidad inicial. La solución está en la adición de abonos que compensen las perdidas, pero estos no son sustancias puras y aportan al suelo elementos extraños que pueden ser nocivos para él, para la vegetación o para ambos.
Al compensar los déficits nutritivo e hídrico, el crecimiento es más rápido, el porte mayor y también la debilidad de las membranas celulares, por un menor aporte de calcio consecuente con el desequilibrio provocado en la relación existente entre los diferentes cationes. También en aquellas plantas, como los cereales, que presentan recubrimientos silíceos en su tallo que les sirven de protección y fortalecimiento de los mismos, se produce una menor acumulación.
Todo ello favorece la invasión por parte de los microorganismos y la mayor agresión de los parásitos. Para evitar la disminución de la producción provocada por estos efectos se hace necesaria la aplicación de insecticidas y fungicidas. Pero ese mejor ambiente creado para el crecimiento de la planta cultivada, es aprovechado también por la vegetación adventicia a la que se elimina con herbicidas.
El suelo se defiende de todas esas sustancias extrañas fijándolas o destruyéndolas con la ayuda de su microflora, pero la acción de ésta es limitada y si se sobrepasan las dosis aplicadas se provoca una acumulación, que en parte es lavada, con la consecuente contaminación de las aguas freáticas.
Cuando todo se realiza de forma conveniente, utilizando las dosis adecuadas y respetando los plazos de permanencia de los productos añadidos antes de consumir los frutos cosechados, los daños ocasionados a las personas y al ambiente en general pueden llegar a ser insignificantes e inferiores a los beneficios obtenidos. Mas si no obramos de forma correcta los daños producidos son incalculables, siendo estas malas prácticas contra las que hay que luchar si no queremos que se produzca una degradación ambiental irreparable.
Otro factor contaminante es la acumulación de sustancias de desecho, incluso cuando su naturaleza las haga susceptibles de biodegradación. En el mejor de los casos, hemos de buscarles una ubicación adecuada en suelos de muy baja permeabilidad que impidan el paso de los componentes líquidos o en solución a las aguas freáticas.
La erosión del suelo es un fenómeno consustancial al mismo e incluso necesario para ir provocando un rejuvenecimiento que impida el agotamiento de los minerales primarios que son la base del aporte de nutrientes minerales. Algo similar a lo que ocurre con la vegetación. Pero la naturaleza es consciente de ello y proporciona los medios para que tal suceda, provocando incendios por medio de las descargas eléctricas de las tormentas o la erupción de los volcanes, que también afectan al suelo al desprotegerlo de la cubierta vegetal y facilitar su arrastre por parte de la lluvia o el viento, e incluso modificando localmente la distribución de ambos con cambios en su intensidad. Los crecimientos y las destrucciones se encuentran en equilibrio a escala global.
El riesgo verdadero está en los procesos inducidos, como la eliminación del suelo para obtener materiales que se hallan bajo él, como graveras, canteras, minas, etc.. o la provocación de incendios forestales con fines muy variados y otros muchos de todos conocidos.
Todo esto lleva a una perdida de material que a veces es muy evidente como las grandes cárcavas y otras poco conspicua, como la erosión laminar de los terrenos llanos, que cargan los cursos de agua con grandes masas de coloides minerales y orgánicos del suelo, que para más abundar son los más activos en el mismo.
Por todo ello se hace necesario actuar en la conservación del suelo, tanto cualitativa como cuantitativamente y a ello dedicaremos nuestra atención a partir de ahora.
¿CÓMO CONSERVAR EL SUELO?
El informe elaborado en
1991 por el "Global Assessmente of Soil Degradation" (GLASOD,) nos
muestra que en el mundo existen 1961 millones de has de suelo afectadas por la
degradación producida por la intervención humana, de los 2300 millones de has
de suelo disponibles.
Las principales causas
de esta degradación son:
·
Deforestación y explotación de bosques (574Mha)
·
Sobrepastoreo (679Mha)
·
Manejo incorrecto de suelos agrícolas (552Mha)
·
Sobreexplotación de la vegetación para usos domésticos (133Mha)
·
Actividades industriales (23Mha).
Esta aproximación
indica que el 46% de los suelos de cultivo soportan una degradación moderada,
para el 15% es muy importante, y un 9% se encuentran completamente degradados
como consecuencia de las acciones antrópicas.
La erosión del suelo es
el proceso que afecta al mayor número de hectáreas, representando el 83,6% de
toda la degradación. Dentro de este proceso es la erosión hídrica el fenómeno
más importante con un 55,7%.
La sola observación de
los datos anteriores es suficiente para comprender la necesidad de la
conservación del suelo. El problema radica en ¿cómo hacerlo?
Si atendemos a las
causas principales, las dos primeras solo pueden atenuarse corrigiendo el afán
depredador humano, no se trata de no explotar los bosques o los pastos, sino de
hacerlo en la medida en que pueda ser regenerada la vegetación a un ritmo
semejante al de su uso; hemos de volver a convertir estos recursos en
renovables. Solo evitando la permanencia de suelo desnudo podemos impedir su
erosión desmedida.
Las deforestaciones
fueron necesarias en algunos momentos históricos por la necesidad de poner en
cultivo nuevas tierras, dado el incremento de la población y el escaso nivel
tecnológico existente que conllevaba una baja productividad. En la actualidad,
predomina la sobreexplotación maderera que suele llevarse a cabo por países
diferentes de los poseedores del recurso a los que no afecta económicamente la
destrucción consecuente. Sin olvidar las destrucciones causadas por conflictos
bélicos. Todas estas acciones son evitables si adquirimos conciencia de la
importancia de las masas forestales y de su sustrato, pues en la mayoría de los
casos no puede recuperarse la vegetación inicial por la desaparición o fuerte
modificación del suelo que la soportaba.
El sobrepastoreo es una
consecuencia de la desaparición de extensas áreas de pasto y en otras ocasiones
de una equívoca política de conservación animal. También existe un
sobrepastoreo local producido en zonas en que la carga ganadera es correcta
pero no lo es la distribución del ganado, que se concentra en las cercanías de
los rediles o de los poblados, esquilmando esa zona antes de utilizar las más
distantes. El sobrepastoreo genera una fuerte degradación física causada por la
compactación del suelo, provocada por el pisoteo del ganado y agravada al
eliminar la elasticidad superficial que comunica una cubierta herbácea
abundante.
La degradación por el
uso incorrecto del suelo puede parecer pequeña porque solo representa algo más
del 25 % de la superficie total degradada. Ahora bien, si tenemos en cuenta que
los suelos dedicados al cultivo son los más fértiles potencialmente, el
problema es mucho más importante de lo que el análisis cuantitativo de la
superficie afectada parece ofrecer.
No podemos prescindir
del cultivo pues ello sería renunciar a uno de los recursos naturales más
importantes que poseemos, pero si podemos utilizar técnicas que permitan evitar
los efectos perjudiciales de aquel. Baste, como ejemplo, citar algunas
prácticas agrícolas muy simples que reducen de forma muy importante los riesgos
erosivos.
Las labores realizadas
en dirección perpendicular a la línea de máxima pendiente reduce el riesgo de
erosión a un 50 %. Todo lo contrario de lo que aparece en la figura, que
curiosamente aparece en un folleto divulgativo sobre la prevención de la
erosión con formas alternativas de cultivo. Un descuido lo tiene cualquiera...
La intercalación de
fajas herbáceas permanentes o setos arbolados entre las parcelas cultivadas
deja el riesgo erosivo en un 25 % del inicial.
Las labores de
aterrazamiento en una ladera dejan en el 10 % el riesgo y las de abancalamiento
impiden la erosión en el bancal.
En las zonas
fuertemente afectadas por la erosión la única solución consiste en suprimir el
cultivo y darles otro uso, como puede ser dedicarles a pastos con una suave
carga ganadera. La cubierta herbácea permanente tiene un riesgo 50 veces menor que
el cultivo de cereal y si ésta es densa su riesgo llega a ser 100 veces menor.
¿CÓMO MANEJAR LA CALIDAD DEL SUELO?
La principal cualidad del suelo en relación con el crecimiento de las plantas es su fertilidad, que se basa en el conjunto de sus propiedades y, como ellas, puede observarse desde un punto de vista físico, físico-químico o químico. Así para mantener la calidad del suelo se ha de procurar el mantenimiento de sus propiedades e incluso su mejora.
De las propiedades físicas del suelo la más sensible al deterioro es la estructura que, a su vez, influye de manera muy directa sobre el resto.
Las principales agresiones que se hacen al suelo son las deforestaciones indiscriminadas, el sobrepastoreo y el cultivo mal realizado.
La deforestación total lleva consigo una pérdida de materia orgánica que impide el desarrollo de las estructuras construidas propias de los horizontes superficiales, esto los hace más susceptibles a la erosión y desaparición, dejando en superficie a los horizontes más profundos, si existieran, que son de peor calidad en relación con el desarrollo vegetal.
El sobrepastoreo o la excesiva abundancia de herbívoros provocada por un ataque sistemático a los carnívoros depredadores provoca, por una parte, la desaparición de la cubierta herbácea con un efecto similar al anterior y además, en los periodos que el suelo está húmedo, una compactación de la superficie que va creando una estructura con tendencia a masiva y una impermeabilidad superficial que favorece la formación de láminas de agua y la creación de encostramientos superficiales.
El cultivo provoca un efecto parecido a los anteriores en cuanto a la disminución de la materia orgánica, pues atenúa el aporte pero además, la aireación de la parte superior del suelo acelera la mineralización de los restos orgánicos. Esta bajada de materia orgánica provoca los efectos estructurales que hemos comentado. Este efecto se produce con carácter general en todos los suelos de cultivo. Además las labores, cuando se realizan en una época inadecuada, puede formar "suelas de labor" en suelos de textura fina en el horizonte B, que llegan a dificultar o impedir el paso de las raíces y del agua, afectando en este caso a la profundidad útil del suelo.
Los remedios para las dos primeras causas de degradación solo está en no realizarlas puesto que son prescindibles. En el caso del cultivo, como no podemos evitarlo porque es imprescindible para nuestra supervivencia, debemos cuidar la forma en que lo efectuamos. El empleo de enmiendas orgánicas con cierta periodicidad no compensa las pérdidas de materia orgánica pero sí atenúa sus efectos. La realización de las labores con un tempero adecuado impedirá la formación de capas endurecidas y como norma general, dar a cada suelo el tratamiento adecuado a sus condiciones.
Otro punto no contemplado es el riego con aguas de elevada salinidad que puede provocar una excesiva concentración de sodio en el complejo de cambio con el consiguiente deterioro estructural, sobre todo en lo referente a la excesiva dispersión de la arcilla que, si es abundante lleva a consistencias muy duras en seco.
Las propiedades físico-químicas en lo que más se ven afectadas es en lo referente al pH, que con mucha frecuencia tiende a acidificarse por la excesiva pérdida de bases del suelo. Esta pérdida está relacionada, en muchas ocasiones, con la introducción de especies no adaptadas al tipo de suelo y que requieren unos consumos elevados en determinados elementos, sobre todo cuando el suelo está regado con lo que el crecimiento se incrementa y la demanda crece desmedidamente. Los requeriemientos de nutrientes esenciales se compensan con los abonos pero el resto lo toman de las reservas del suelo.
El empleo de abonos acidificantes en suelos de escasa capacidad tampón es otra fuente de acidificación.
La solución estriba en cultivar las especies más adecuadas al tipo de suelo y usar los abonos más convenientes según las características del mismo; cuando ello no es posible, siempre cabe el mantener una vigilancia adecuada y corregir las pequeñas desviaciones de pH con periódicas enmiendas calizas.
El deterioro estructural hace que parte de la arcilla se pierda por erosión laminar lo que, a largo plazo, afecta a la capacidad de intercambio catiónico que puede corregirse con enmiendas orgánicas.
La degradación química más importante que suele producir el cultivo es la salinización provocada por el riego y por el uso abusivo de abonos minerales. La primera puede atenuarse con un riego algo superior al necesario que lave los excesos de sales cuando la pluviometría invernal sea insuficiente, y en el segundo caso solo es necesario utilizar las dosis adecuadas.
Por último, la calidad del suelo y de los frutos que produce se ve afectada por la contaminación ejercida por el uso desmedido de pesticidas, necesarios para evitar el ataque bacteriano, fúngico y parasitario, exacerbado por la debilidad de las paredes celulares provocado por un crecimiento más rápido y mayor. El suelo está dotado de mecanismos de defensa ante los contaminantes orgánicos y el riesgo está en el abuso de los mismos.
También existe una contaminación indirecta procedente de los humos de las industrias y, sobre todo, del polvo generado por muchas de ellas, mas este problema afecta tanto al suelo como a las aguas y a la atmósfera. El único remedio ante ello es una ubicación correcta de las mismas y un control sobre los desprendimientos citados.
La principal cualidad del suelo en relación con el crecimiento de las plantas es su fertilidad, que se basa en el conjunto de sus propiedades y, como ellas, puede observarse desde un punto de vista físico, físico-químico o químico. Así para mantener la calidad del suelo se ha de procurar el mantenimiento de sus propiedades e incluso su mejora.
De las propiedades físicas del suelo la más sensible al deterioro es la estructura que, a su vez, influye de manera muy directa sobre el resto.
Las principales agresiones que se hacen al suelo son las deforestaciones indiscriminadas, el sobrepastoreo y el cultivo mal realizado.
La deforestación total lleva consigo una pérdida de materia orgánica que impide el desarrollo de las estructuras construidas propias de los horizontes superficiales, esto los hace más susceptibles a la erosión y desaparición, dejando en superficie a los horizontes más profundos, si existieran, que son de peor calidad en relación con el desarrollo vegetal.
El sobrepastoreo o la excesiva abundancia de herbívoros provocada por un ataque sistemático a los carnívoros depredadores provoca, por una parte, la desaparición de la cubierta herbácea con un efecto similar al anterior y además, en los periodos que el suelo está húmedo, una compactación de la superficie que va creando una estructura con tendencia a masiva y una impermeabilidad superficial que favorece la formación de láminas de agua y la creación de encostramientos superficiales.
El cultivo provoca un efecto parecido a los anteriores en cuanto a la disminución de la materia orgánica, pues atenúa el aporte pero además, la aireación de la parte superior del suelo acelera la mineralización de los restos orgánicos. Esta bajada de materia orgánica provoca los efectos estructurales que hemos comentado. Este efecto se produce con carácter general en todos los suelos de cultivo. Además las labores, cuando se realizan en una época inadecuada, puede formar "suelas de labor" en suelos de textura fina en el horizonte B, que llegan a dificultar o impedir el paso de las raíces y del agua, afectando en este caso a la profundidad útil del suelo.
Los remedios para las dos primeras causas de degradación solo está en no realizarlas puesto que son prescindibles. En el caso del cultivo, como no podemos evitarlo porque es imprescindible para nuestra supervivencia, debemos cuidar la forma en que lo efectuamos. El empleo de enmiendas orgánicas con cierta periodicidad no compensa las pérdidas de materia orgánica pero sí atenúa sus efectos. La realización de las labores con un tempero adecuado impedirá la formación de capas endurecidas y como norma general, dar a cada suelo el tratamiento adecuado a sus condiciones.
Otro punto no contemplado es el riego con aguas de elevada salinidad que puede provocar una excesiva concentración de sodio en el complejo de cambio con el consiguiente deterioro estructural, sobre todo en lo referente a la excesiva dispersión de la arcilla que, si es abundante lleva a consistencias muy duras en seco.
Las propiedades físico-químicas en lo que más se ven afectadas es en lo referente al pH, que con mucha frecuencia tiende a acidificarse por la excesiva pérdida de bases del suelo. Esta pérdida está relacionada, en muchas ocasiones, con la introducción de especies no adaptadas al tipo de suelo y que requieren unos consumos elevados en determinados elementos, sobre todo cuando el suelo está regado con lo que el crecimiento se incrementa y la demanda crece desmedidamente. Los requeriemientos de nutrientes esenciales se compensan con los abonos pero el resto lo toman de las reservas del suelo.
El empleo de abonos acidificantes en suelos de escasa capacidad tampón es otra fuente de acidificación.
La solución estriba en cultivar las especies más adecuadas al tipo de suelo y usar los abonos más convenientes según las características del mismo; cuando ello no es posible, siempre cabe el mantener una vigilancia adecuada y corregir las pequeñas desviaciones de pH con periódicas enmiendas calizas.
El deterioro estructural hace que parte de la arcilla se pierda por erosión laminar lo que, a largo plazo, afecta a la capacidad de intercambio catiónico que puede corregirse con enmiendas orgánicas.
La degradación química más importante que suele producir el cultivo es la salinización provocada por el riego y por el uso abusivo de abonos minerales. La primera puede atenuarse con un riego algo superior al necesario que lave los excesos de sales cuando la pluviometría invernal sea insuficiente, y en el segundo caso solo es necesario utilizar las dosis adecuadas.
Por último, la calidad del suelo y de los frutos que produce se ve afectada por la contaminación ejercida por el uso desmedido de pesticidas, necesarios para evitar el ataque bacteriano, fúngico y parasitario, exacerbado por la debilidad de las paredes celulares provocado por un crecimiento más rápido y mayor. El suelo está dotado de mecanismos de defensa ante los contaminantes orgánicos y el riesgo está en el abuso de los mismos.
También existe una contaminación indirecta procedente de los humos de las industrias y, sobre todo, del polvo generado por muchas de ellas, mas este problema afecta tanto al suelo como a las aguas y a la atmósfera. El único remedio ante ello es una ubicación correcta de las mismas y un control sobre los desprendimientos citados.
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